El flamante ganador del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, “sorprendido y honrado”, ha aceptado el galardón con el talante que le ha aupado a la Casa Blanca, y lo ha traducido, lejos de una muestra de su mérito individual, como la “reafirmación del liderazgo de EE UU en nombre de las naciones del mundo”. No sin humildad, el presidente estadounidense ha reconocido no sentirse “merecedor” del premio que han recibido antes que él “figuras trascendentales” que inspiran hoy su política.
En una comparecencia desde la Rosaleda de la Casa Blanca, Obama ha querido interpretar el galardón como una muestra del “tipo de mundo que queremos construir”, un “aliento” y “estímulo” para hacer frente a los restos del siglo XXI. Tras señalar algunos de esos desafíos, como el cambio climático, la proliferación nuclear o el conflicto entre palestinos e israelíes, el presidente estadounidense ha reconocido que es “el comandante en jefe de un país responsable de poner fin a una guerra y actuar en otro escenario” en relación a Irak y Afganistán.